lunes, 11 de junio de 2007

¿QUIÉN ES Y QUIÉN FUE CALVINO? INTERPRETACIONES RECIENTES
Eberhard Busch



Versión de L. Cervantes-Ortiz

1. Interpretaciones anteriores
Cuando miramos atrás en cuanto a las interpretaciones de Calvino de 100 años para acá, encontramos una amplia variedad de puntos de vista, si bien han definido durante décadas la apreciación de este reformador. Según Albrecht Ritschl, Calvino confundió y combinó la diferenciación luterana entre la Iglesia como agente de gracia y el Estado como agente de la “ley y el orden”. Así, Calvino pudo haber dicho algo impensable para los luteranos alemanes, esto es, que cada persona es igual ante la ley y que el derrocamiento de los tiranos por parte del pueblo es legítimo.
[1] Más recientemente, en 1940, Dietrich Bonhoeffer repitió esta afirmación en su Ética.[2] En contraste, Jacob Burckhardt, el historiador de la cultura, en Basilea, señaló: “La tiranía de un solo hombre nunca fue promovida mejor que por Calvino, quien no sólo hizo de sus convicciones privadas una ley general y oprimió o confinó las demás opiniones sino que también insultó a todos constantemente considerando los asuntos más inocentes de prueba (taste)”.[3] Siguiendo esta línea, el poeta Stefan Zweig utilizó, en 1937, esta caracterización de Calvino para acusar a Adolf Hitler de ser un hombre satánico.[4] Incluso Karl Barth escribió que, al considerar a Calvino vienen a la mente palabras como tiranía y fariseísmo. “A ninguno de nosotros... le gustaría haber vivido en esta santa ciudad [Ginebra]”.[5]
Las tesis ampliamente difundidas de Max Weber acerca de que Calvino fue uno de los padres del capitalismo fue repudiada por Ernst Troeltsch antes de que lo hiciera André Biéler.
[6] Según Troeltsch, fue más bien el caso del “socialismo religioso”, a comienzos del siglo XX, que surgió dentro de la tradición reformada, siguiendo los pasos de Calvino, muy diferente del luteranismo conservador y antidemocrático.[7] En contraste con Troeltsch, Charles Hodge en Princeton, vio a Calvino como un representante de la doctrina luterana de “los dos reinos”. Pensaba que la Iglesia como tal no tenía nada que ver con asuntos seculares. Esto fue verdad incluso si, continúa Hodge, los políticos no silencian a los representantes de la Iglesia, cuando ellos dan testimonio de la verdad y la ley de Dios.[8] De la misma manera, el holandés Abraham Kuyper declaró que por un lado el calvinismo distinguió fuertemente entre la Iglesia y el Estado, incluso en la cultura, pero por otro lado afirmó que ambos están directamente sujetos al gobierno divino.[9] Lo que es verdad dela mayoría de estas interpretaciones es que todas hablan más generalmente del llamado calvinismo que de Calvino como tal o, como señaló Stanford Reid en 1991, hablan frecuentemente de Calvino, “sin tomarse la molestia de observar que dijo él realmente”.[10]

2. El núcleo de su teología
Probablemente sea cierto que cada época influye en los resultados de la investigación a la hora de formular preguntas. Pero uno debe decir, también, que los estudiosos de décadas anteriores “han hecho grandes esfuerzos” para escuchar cuidadosamente “lo que realmente dijo Calvino” dentro del horizonte de la Reforma, inicialmente en Francia y Ginebra. Esto ha tenido como resultado una mayor comprensión del hecho de que la Reforma de la iglesia no debe medirse solamente por la figura de Lutero, como se hacía antes, sobre todo en Alemania. Ha quedado cada vez más claro que la formulación de la doctrina de la justificación no es la única diferencia decisiva entre la Reforma Protestante y el catolicismo romano. Esto debe afirmarse aun cuando Calvino ciertamente enseñó que la justificación por la gracia sola, mientras, para estar seguro, insistió más que el luteranismo de su época en que la justificación y la santificación son inseparables. Al hacer eso, enfatizaba lo escrito en I Corintios 1.30: “Cristo Jesús nos es hecho sabiduría, justicia, santificación y redención”. Demostró, además, qué tan pura era su exposición de la doctrina de la justificación en 1547 en que fue la primera, en el ámbito protestante, que se diferenció de la doctrina propuesta por el Concilio de Trento, la cual era en sí misma una declaración sustantiva. Sus comentarios no se publicaron en el momento, aunque él estaba bien informado no sólo sobre el texto del Concilio sino también acerca de la discusiones conciliares. Este material no apareció en traducción alemana hasta la edición de estudio de Calvino en 1999. Como ha mostrado Anthony Lane, Calvino participó en la preparación del Concilio de Trento, especialmente en la reunión de Regensburg entre teólogos protestantes y católicos, cuya primera sesión estuvo dedicada al tema de la justificación.
[11] Y las discusiones van más allá entre los intérpretes de Calvino acerca de los alcances de esta participación en términos del entendimiento común posible entre ambas confesiones en cuanto a la afirmación paulina de Gálatas 2.6, según la cual la fe justifica sin las obras y Gálatas 5.6, sobre las obras de la fe mediante el amor.
En cualquier caso, Calvino establece en su doctrina de la justificación sobre la base de la Reforma Protestante. No obstante, la diferencia decisiva con Roma se encontraba, para él, en otro aspecto. Bernard Cottret escribe en su biografía de Calvino, publicada en 1995 en París, que el llamado episodio de los panfletos (placards) a fines de 1534 en París representó para Calvino el punto de ruptura. Estos panfletos, colocados en varios lugares, dirigían una fuerte crítica a la misa católica basándose en la carta a los Hebreos: Cristo es el único mediador y el único sacerdote; mediante su sacrificio único transforma en ilusoria la dignidad sacerdotal de los oficiales eclesiásticos humanos, algo central para el pensamiento católico.
[12] Este contraste fundamental fue grabado en la mente de Calvino cuando el rey Francisco I preparó una procesión a lo largo de París, y al mismo tiempo eran “sacrificados” algunos “herejes”, es decir, fueron asesinados por oponerse a la doctrina del sacrificio.[13] Al procesar todo esto, Calvino no optó por el servicio de predicación medieval como hizo Zwinglio, ni la liturgia dejó de tener importancia para él. Asimismo, como ha mostrado recientemente Christian Grosse, comenzó a desarrollar una liturgia siguiendo el modelo de la iglesia antigua.[14] Como su centro el Espíritu Santo “nos” comunica en la Cena del Señor la reconciliación con Dios mediada por Cristo, y en gratitud por ello, “nosotros” testificamos en el mismo evento que somos su comunidad. Calvino, el cuestionado soberano todopoderoso de Ginebra, no fue capaz, sin embargo, de persuadir al gobierno de la ciudad para que, según su profunda convicción, la Cena del Señor se realizase en cada servicio divino, acompañada por oraciones públicas (esto es, el Salterio) y la interpretación de la Sagrada Escritura (no como varias perícopas seleccionadas de la Biblia, sino como lectio continua, exposición de todos los libros de la Biblia).[15]
El volumen de discusión dedicada a la correcta comprensión de la eucaristía en la primera edición de la Institutio Christianae Religionis de 1536 muestra que este fue, en ese momento, el punto más importante de controversia con la iglesia católica. En la última edición de la Institutio en 1559, la cual creció bastante, la crítica se amplía a la disputa sobre la comprensión de la Iglesia, y de ella se ocupa en una tercera parte de toda la obra. Uno podría decir que este es el tema de la segunda generación de reformadores. Incluso si Wilhelm Neuser está en lo cierto cuando afirma que la composición y estructura de las cuatro partes en la edición de 1559 es confusa en el detalle,
[16] es muy claro, en mi opinión, que Calvino en las tres primeras partes desea hablar de Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu santo y que en la extensa cuarta parte se ocupa de la Iglesia, la cual es parte de los medios externos mediante los cuales Dios nos introduce a la fraternidad con él y con los demás. En esta parte de su libro Calvino discute ampliamente la doctrina católico-romana de la Iglesia. Resulta excitante que él trabaje el mismo material usado por su contraparte, aunque interpreta el material de manera distinta en los aspectos formales y sustantivos. Aborda aquí la sustancia de la doctrina católica sobre la Iglesia, para demostrar que esta doctrina ya no puede justificar el sistema papal de organización.[17] No me parece que podamos encontrar una contribución sustantiva a este problema en el luteranismo de esa época. Para Calvino éste era un asunto fundamental.
Según el punto de vista común católico y calvinista, Cristo es el mediador entre Dios y la humanidad mediante un triple oficio, esto es, sacerdote, rey y profeta. Pero, a diferencia del punto de vista católico, Calvino subraya que Cristo está vivo y, por ende, él no ha cedido ninguno de sus oficios a las instituciones eclesiales ni intenta hacerlo. Su relación con la Iglesia es como la de la cabeza con el cuerpo y no existen cabezas sustitutas. Sólo él gobierna la Iglesia y ésta es una comunidad de hermanos y hermanas, conectados todos con él y entre sí con un mutuo intercambio, tal como lo expresa el Catecismo de Ginebra de 1545.
[18] Cada miembro participa de la cabeza, pero como un miembro más de su cuerpo. Todos los cristianos participan sin la mediacón de sacerdotes humanos, directamente por la fe en Cristo, como declara la Segunda Confesión helvética (1566).[19] De esta manera, todos los creyentes participan en los tres oficios de Cristo por la fe,[20] y muestran esto en su actividad confesante, como dice Zwinglio en su Declaración de Fe de 1530.[21] Los líderes humanos de la comunidad eclesiástica son solamente miembros del cuerpo de Cristo, también, y no cabezas de la Iglesia. Muestran esto, además, en que los tres oficios bajo su liderazgo son distribuidos en diferentes personas que dirigen colectivamente a la Iglesia. Así, esos oficios, que son ejercidos por el gobierno de la Iglesia, reciben un nuevo sentido en contraste con la iglesia católico-romana. Los pastores corresponden a la enseñanza profética de Cristo y ellos no son todos sacerdotes, en o que quizá es la divergencia más profunda con la perspectiva católica. Los ancianos corresponden al oficio real de Cristo, pues tienen la tarea de dirigir la comunión y llevar a cabo a cura de almas, pero no son los soberanos de la Iglesia. Y el servicio de los dáconos hacia los pobres corresponde al oficio sacerdotal, el cual Cristo cumplió de una vez por todas en la cruz.
Pero la investigación actual sobre Calvino escasamente trabaja la cuestión en la que el reformador encontró la principal diferencia con el catolicismo de su época, aunque pienso que su punto de vista es todavía muy importante hoy, cuando los pastores reformados parecen desempeñar el papel de sacerdotes, mientras que los luteranos están un poco en aprietos debido a que su concepto de justificación ya no se encuentra separado del católico. No estoy diciendo con ello que la doctrina sobre la Iglesia fue el centro de la teología de Calvino. Preferiría describir el centro de su teología con la tesis que expone en su comentario a Jeremías: Ubi cognoscitur Deus, etiam colitur humanitas, es decir, “Adonde Dios es tomado en serio, allí hay una preocupación por la humanidad”.“
[22] Esta afirmación muestra puntualmente la preocupación de Calvino contra la tendencia de la teología luterana de olvidar la diferenciación entre la deidad de Dios y nuestra humanidad, a causa de la deidad y humanidad de Cristo, en vez de colocar esta diferencia en el honor.

3. Ediciones
Pese a todas las apariencias, la investigación actual sobre Calvino no está trabajando tales cuestiones fundamentales. Para decirlo positivamente: la investigación está comprometida fuertemente con la intención de descubrir un Calvino nuevo, y uno podría decir que lo está haciendo en múltiples pasos pequeños. Lo primero y fundamental, e incluso estrechamente relacionado con esto, es publicar todos los textos de Calvino, incluso los inéditos, y hacerlos accesibles a todos. Es verdad que textos no muy importantes no han sido impresos desde el siglo XVI, o que los divulgados desde Leiden en el siglo XVII no han sido reeditados, o nunca se imprimieron del todo. Aparte de la Institución, disponible en diversas ediciones, existen muchos textos que fueron publicados en los siglos XIX y XX en el idioma original o en traducciones: comentarios bíblicos, cartas y también docmentos polémicos. La publicación más importante y voluminosa es la Calvini Opera, iniciada en 1887, en 59 volúmenes, en su idioma original. Después apareció la edicion pequeña, Calvini Opera Selecta, editada por Peter Barth y Wilhelm Niesel, entre 1929 y 1936. Pero en las ediciones más viejas había a veces lagunas, mientras que algunas ediciones tenían deficiencias científicas, como la de comentarios bíblicos en latín de August Tholuck, de mediados del siglo XIX. Están apareciendo nuevas ediciones que intentan, por un lado, ofrecer textos científicamente bien hecho y, por otro lado, llenar lagunas. Para el seguimiento de las nuevas ediciones es indispensable el libro de Michael Bihary, Bibliographia Calviniana. Calvins Werke und ihre Übersetzungen. Praga, 2000.
Una ausencia notable ha sido cubierta desde 1961 por la colección titulada Supplementa Calviniana. Sermons inédits. Dicha colección planea presentar 600 sermones inéditos, pues, de hecho, Calvino predicó alrededor de 2400 sermones.
[23] Esta edición comprenderá aproximadamente 15 volúmenes. Cada sermón ocupa 10 páginas escritas en francés antiguo, y demuestra cómo trabajó Calvino la interpretación de las Escrituras en la Cristiandad antigua, en la iglesia medieval y en la exégesis judía.[24] N cuanto a sus comentarios bíblicos en el idioma original, aún dependemos de la Calvini Opera, con más de un siglo de antigüedad, la cual está siendo reeditada: los textos básicos son la última edición de cada obra impresa en vida de Calvino o la última vesión examinada por él. La Ioannis Calvini Opera Omnia, publicada en la Librarie Droz de Ginebra, editada por ocho prestigiados calvinólogos, fue enriquecida por referencias literarias y notas. Hasta ahora han aparecido ocho volúmenes. Contiene también la edición del Comentario a los Romanos del investigador inglés Thomas C.H. Parker. Se trata del comentario que elaboró Calvino con sumo cuidado en Estrasburgo en 1539, que revisó en 1551 en Ginebra: es decir, su primer comentario bíblico.
En vista de la dificultad que tiene mucha gente para comprender los idiomas clásicos, no sólo el francés antiguo, pero más aún el latín en que Calvino escribió tan brillantemente, la accesibilidad de sus textos en sus idiomas originales es muy reducida, incluso para estudiosos bien entrenados. El resultado es que esos textos son accesibles sólo para un limitado círculo de expertos. Sería necesario estar muy familiarizados con los idiomas que alvino dominó para entender su “rico estilo y su refinada argumentación teológica”. Pero esto significa que “quienquiera que desee dejar hablar a Calvino tiene que traducirlo”, como afirma Christian Link en el prefacio a Calvin-Studienausgabe, el cual ha editado junto con otros desde 1994. En esta edición, algunas piezas diferentes y representativas de la teología de Calvino, que no habían sido traducidas antes, aparecen en dos idiomas, el original y en alemán. Han aparecido cuatro volúmenes y se espera pronto el Comentario a los Romanos. Parece que en el futuro tales traducciones serán más y más necesarias debido al escaso conocmiento de las lenguas clásicas. Las traducciones al inglés están surgiendo también.

4. Nuevas interpretaciones
Aparte de la gran tarea de publicación de los textos de la que se ocupará la nueva investigación, por otro lado está la producción de una amplia gama de estudios individuales. Peter de Klerk ha hecho una lista de lo publicado desde 1971 en la bibliografía calviniana del Calvin Theological Journal. Es sorprendente que mucho de la investigación reciente la mitad de los textos sean notas a pie de página, las cuales con frecuencia se refieren a un gran número de trabajos que no están al alcance del lector. Además, no faltan estudios con tesis específicas que no pueden sostenerse más que como hipótesis. Tres eruditos han presentado un trabajo en el que reclaman que, debido a la falta de documentos su esfuerzo no es más que “un experimento que no responde muchas preguntas”.
[25] Existen también muchos textos que prueban con dificultad lo ya conocido. Como sucede en otras ciencias, parece que también aquí, más allá del mencionado problema lingüístico, están aumentando los tópicos especializados reservados sólo a grupos muy reducidos de expertos, mientras que el número de quienes ignoran estas materias aumenta incluso en círculos teológicos medios. No tengo solución para estos problemas, sólo una pregunta que los expertos deben rsponderse a sí mismos: ¿a quién sirven con su duro esuerzo? En mi opinión, esto puede ser respondido de manera relevante cuando en su celo por entender a Calvino, ellos se dejan “contaminar” por él, al grado de que piensan, con Calvino, esto es, que comprenden a este falible mensajero que Dios ha colocado ante él y nosotros. Calvinus Praeceptor Ecclesiae (Calvino, preceptor de la Iglesia) es el título de la reunión de ponencias del último simposio de calvinólogos. Pero, ¿Calvino fue realmente reconocido y tomado en serio como maestro de la Iglesia?
Pero no resulta agradable interrogar críticamente a la nueva generación de investigadores. Por otro lado, uno tiene que reconocer, respetuosamente, que de este modo, en muchas direcciones y formas, incluso escondidas, Calvino y su mundo son iluminados con una especie de luz distintiva y brillante. Y así como ese mundo llega hasta nosotros. Vemos a Calvino en sus relaciones con Martín Bucero,
[26] Bernardo de Clairvaux,[27] Melanchthon,[28], Lasco,[29] y sus colegas de Ginebra,[30] Agustín,[31] Pighius,[32] o el rey Segismundo Augusto von Polen,[33] y muchos más. Lo vemos también como un joven,[34] en sus relaciones con las mujeres,[35] los niños y los jóvenes,[36] los bautistas[37] o con la filosofía griega.[38] Obviamente, nos es presentado especialmente como un teólogo y como alguien ocupado con asuntos teológicos tales como la hermenéutica,[39] la antropología,[40] la doctrina de la predestinación,[41] la mediación de la salvación,[42] la escatología,[43] la doctrina[44] y la oración.[45]
No tenemos que completar la enorme lista de contribuciones. De heco, todos estos estudios no están completamente de acuerdo con los demás y tampoco se refieren el uno al otro. Sin embargo, podríamos ponerlos juntos como un rompecabezas y así no tendríamos un poco del reformador ginebrino y su trabajo ante nosotros.
Notas
[1] A. Ritschl, Geschichte des Pietismus. Vol. I, Bonn, 1880, pp. 61-80.
[2] D. Bonhoeffer, Ethik. Munich,1958, p. 43.
[3] Cit. por “. Kaegi, Jacob Burckhardt. Bd. 5, 1973, p. 90.
[4] S. Zweig, Castellio gegen Calvin oder ein Gewissen gegen die Gewalt, 1936.
[5] K. Barth, Die Theologie Calvins, 1922. Zürich, 1993, p. 163.
[6] E. Troeltsch, Gesammelte Schriften. Tübingen, 1912, vol. I, p. 713. Sobre Biéler, véase la nota 63.
[7] Ibid., p. 721.
[8] C. Hodge, Discussions in Church Policy. Nueva York, 1878, pp. 104-106.
[9] A. Kuyper, Calvinism. Six Stone Lectures (1898). Grand Rapids, 1931.
[10] W. Stanford Reid, “Early critic of capitalism” (II), en R. Gamble, ed., Articles on Calvin and Calvinism. Vol. 11. Nueva York-Londres, 1992, p. 169.
[11] Calvinus Praeceptor Ecclesiae. Papers of the International Congress on Calvin Research, Princeton, 20-24 de agosto de 2002, ed. Por H. Selderhuis, Ginebra, 2004, pp. 233-264.
[12] B. Cottret, Calvin. Biographie. París, 1995. En alemán: Stuttgart, 1995, p. 109.
[13] B. Cottret, op. cit., p. 114.
[14] Calvin-Studienausgabe. Ed. E. Busch, C. Link. Vol. 2. Neukirchen-Vluyn, 1997, pp. 137-225.
[15] C. Grosse, “Dogma und Doctrina bei Calvin”, en Calvinus Praeceptor, pp. 189ss.
[16] W.H. Neuser, “Einige Bemerkungen zum Stand del Calvinforschung”, en Calvinus Praeceptor, p. 189.
[17] Cf. Tim George, ed., Calvin and the Church. A Prism of Reform. Louisville, 1990; y St. Scheld, Media Salutis. Zur Heilsvermittlung bei Calvin. Wiesbaden, 1989 (Veröff d. Institut für Europe Geschichte. Mainz, vol. 125).
[18] J. Calvino, Catechism of Geneva, preguntas 34-45.
[19] H. Bullinger, The Second Helvetic Confession. Zürich, 1966, cap. 5.
[20] Catecismo de Heidelberg, pregunta 31.
[21] E.F.K. Müller, Die Bekenntnisschriften der reformierten Kirche. Leipzig, 1903, pp. 85, 11f.
[22] CO, 38,388.
[23] J. Calvino, Predigten über das 2. Buch Samuelis. H. Rückert, ed., Neukirchen, 1936-1961 (Supplementa Calviniana. Sermons inédits. Vol. I) p. XIII.
[24] Op. cit., XXXII.
[25] Calvinus Praeceptor, p.142.
[26] Marijn de Kroon, Martin Bucer und Johannes Calvin. Reformatorische Perspektiven. Einleitung und Texte, aus dem Niederl. H. Rudolph, Göttingen 1991.
[27] Anthony N.S. Lane, Calvin and Bernard of Clairvaux. Princeton 1996 (Studies in Reformed Theology and History, N.S. 1).
[28] Barbara Pitkin, “Redifining Repentance: Calvin and Melanchthon”, en Calvinus Praeceptor, pp. 275-285.
[29] W. Janse, “Calvin, a Lasco und Beza. Eine gemeinsame Abendmahlserklärung (mai 1556)?”, en ib., pp. 209-231.
[30] Elsie McKee, “Calvin and his Collegues as Pastors: Some insights into the Collegial Ministry of Word and Sacraments”, en ib. cit., pp. 9-42; E.A. de Boer, “Calvin and Collegues. Propositions and Disputations in the Context of the Congrégations in Geneva”, en ib., pp.331-342.
[31] J. Marius J. Lange van Ravenswaay, Augustinus totus noster. Das Augustinverständnis bei Johannes Calvin. Göttingen, 1990 (Forschungen zur Kirchen- und Dogmengesch. 45).
[32] Harald Rimbach, Gnade und Erkenntnis in Calvins Prädestinationslehre. Calvin im Vergleich mit Pighius, Beza und Melanchthon. Frankfurt u.a. 1996 (Kontexte. Neue Beitr. z. Hist. u. Syst. Theol., Bd. 19).
[33] Mihály Márkus, “Calvin und Polen. Gedankenfragmente in Verbindung mit einer Empfehlung”, en Calvinus Praeceptor, pp. 323-330.
[34] Jung-Uck Hwang, Der junge Calvin und seine Psychopannychia. Frankfurt u.a. 1990 (Europ. Hochschulschriften, R XXIII, Bd. 407).
[35] Jane Dempsey Douglass, Women, Freedom, and Calvin. Filadelfia, 1985.
[36] Jeffrey R. Watt, “Childhood and Youth in the Geneva Conistory Minuts”, in Calvinus Praeceptor, pp. 43-64.
[37] Willem Balke, Calvin und die Täufer. Evangelium oder religiöser Humanismus. Trad. de H. Quistorp, Minden, 1985.
[38] Irena Backus, “Calvin’s Knowledge of Greek Language and Philosophy”, en Calvinus Praeceptor, pp. 343-350.
[39] Alexandre Ganoczy y Stefan Scheld, Die Hermeneutik Calvins. Geistesgeschichtliche Voraussetzungen und Grundzüge. Wiesbaden, 1983; Peter Opitz, Calvins theologische Hermeneutik. Neukirchen-Vluyn, 1994.
[40] Mary Potter Engel, John Calvin’s Perspectival Anthropology. Atlanta 1988 (American Acad. of Religion. Academy series 52); C. Link, “Die Finalität des Menschen. Zur Perspektive der Anthropologie Calvins”, en Calvinus Praeceptor, pp. 159-178.
[41] Cf. nota 31.
[42] Stefan Scheld, “Media salutis”.
[43] Raimund Lülsdorff, Die Zukunft Jesu Christi. Calvins Eschatologie und ihre katholische Sicht. Paderborn, 1996 (Konfessionskundl. u. Kontroverstheol. Studien, Bd. LXIII, J.A. Möhler-Inst.).
[44] V. E. d’Assonville jr., “Dogma und Doctrina bei Calvin in einer begrifflichen Wechselwirkung: Ein Seminarbericht”, en Calvinus Praeceptor, pp. 189-208.
[45] Jae Sung Kim, “Prayer in Calvin’s Soteriology”, en op. cit., pp. 265-274.
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jueves, 7 de junio de 2007

JUAN CALVINO, POR ERICH KÄHLER

Historia universal del hombre. México, FCE, 1981, pp.327-335.

Juan Calvino nació en Noyon, en Picardía, el año de 1509 y fue educado en la familia de un noble francés. En 1523 le enviaron a París al Collége Montaigu, donde seguía sus estudios, casi en la misma época, el fundador de la orden de los jesuitas, Ignacio de Loyola. El mismo instructor español los educó a ambos. Cuando se estudia la doctrina y la obra de Calvino tienen importancia especial estos tres hechos: su nacionalidad francesa, el medio aristocrático en que se desarrolló su juventud y sobre todo, su educación por el mismo maestro que enseñó a Loyola. En el lado protestante, Calvino es la contrapartida perfecta de Loyola, que encabezó la Contrarreforma. Es el único que hasta la altura de los jesuitas, el único capaz de igualar sus cualidades. Debido a ello, y porque el espíritu de los tiempos estaba de su parte, Calvino salvó la causa protestante.

Empezó con estudios teológicos y más tarde se dedicó al derecho se familiarizó con los escritos y las enseñanzas de los humanistas que con sus criticas reforzaban la oposición a la iglesia. En este periodo, la cultura humanista representaba un papel similar a la de los literati de la Ilustración en el siglo XVIII antes de la Revolución Francesa. Sin dar el paso decisivo socavaron el sistema establecido y, lo mismo que en el siglo XVIII, la sociedad y la nobleza francesa, siempre despiertas a las modas intelectuales más avanzadas, flirtearon con las nuevas ideas hasta que éstas adquirieron gravedad. Los escritos de Lutero eran leídos y comentados con pasión.
El primer plan de Calvino consistía en realizar una purga general, una regeneración profunda de la iglesia católica a la manera de los humanistas, en especial de Erasmo de Rotterdam pero súbitamente, en 1533, tuvo una gran revolución, una experiencia parecida a las inspiraciones de los profetas, conversos y reformadores religiosos que le habían precedido, desde Pablo, Agustín Pedro Valdo y Lutero que fue herido por el rayo, a la de Zwinglio, que estuvo a punto de morir de peste. “un súbito rayo de luz —escribe Calvino— me hace comprender ahora después que mi espíritu a estado preparado desde hace mucho tiempo para dar una gran prueba en qué abismos de errores, en qué profunda inmundicia he estado sumergido hasta ahora. Por eso hice, Señor, lo que era mi deber y alarmado, y condenado con lagrimas mi vida pretérita, emprendí tu camino”.
Después de haber proclamado los principios evangélicos en un discurso pronunciado en la Sorbona en el Día de Todos los Santos de 1533, tuvo que huir al sur de Francia y poco después marchó a Basilea, en Suiza, para reanudar sistemáticamente sus estudios teológicos. El resultado de esto fue un libro que sentó los principios fundamentales de su doctrina, las Christianae Religionis Institutio, las “Instituciones de religión cristiana” que es el primer sistema de teología protestante. Ni Lutero ni Zwinglio presentaron sus principios formando un sistema teórico coherente. Aun Melanchton el teórico de luteranismo, no hizo sino dar argumentos y comentarios vagos. Las Instituciones de Calvino se publicaron en 1536 y fueron revisadas varias veces, su teoría cobró forma definitiva en 1540.
El calvinismo es una forma romanizada del protestantismo que lleva las huellas de la nacionalidad francesa y del carácter aristocrático de su creador. Es una mezcla curiosa de democratización protestante de la religión con una infusión del principio nacional y de las dotes aristocráticas para crear una élite. Se parece al jesuitismo en que se hace al protestantismo pragmático y político; introduce una disciplina fanática y una organización metódica de toda la vida individual y comunal de sus partidarios. El luteranismo reduce la religión al papel de una policía moral, que ayuda y sanciona la mucho más eficaz política del gobierno. El calvinismo, por el contrario, es una religión totalitaria que reclama dominio y control sobre todas las instituciones y actividades profanas. La preocupación religiosa inmediata lo abarca todo. Así, como tenía que abarcar la totalidad de la vida individual y comunal, las revolucionó de hecho, y al hacerlo, al inmiscuirse en los problemas sociales y políticos de su tiempo —en una forma opuesta a la del luteranismo— a un mundo secularizado.
La magnificencia y gloria de Dios es la médula de la teoría de Calvino. Su Dios adopta la forma personal de Jehová, el Dios del Antiguo Testamento. Jesús pierde importancia y la gana Dios Padre, la pierde el Nuevo Testamento y la gana el Antiguo. Y lo que se restaura con el calvinismo, sólo que con una interpretación mucho más radical y hasta aristocrática, es el antiguo concepto judío de Dios como gobernante personal omnipotente, del mundo y de éste como escenario de la gloria de Dios. En el judaísmo Dios no es un poder arbitrario, ha llegado a un acuerdo con el hombre y se ha comprometido a observar la ley. Se ha revelado y está en contacto constante con todos los seres humanos. En el calvinismo, Dios es un poder arbitrario, inescrutable en su arbitrariedad; su voluntad domina el mundo y su glorificación es la idea del mundo en su omnipotencia, ha predestinado desde un principio a la virtud y la salvación por “su piedad gratuita y con entera independencia del merito humano”, a otros los ha condenado al vicio y la maldición “por un juicio justo e irreprensible, aunque incomprensible”. Se toma como prueba de la predestinación divina el hecho de que no todos los hombres pudieran ser convertidos. Nadie está del todo seguro del grupo a que pertenece y, en todo caso, nada puede hacer por altera su destino.
Calvino va mucho más lejos que Agustín, Wyclif o Lutero pues lleva el principio paulino de la gracia de Dios hasta su límite extremo. Con su doctrina de predestinación integral causó un grave perjuicio al catolicismo que apelaba a la voluntad y el esfuerzo del hombre para poder lograr la salvación mediante buenas obras. Agustín había atribuido a la iglesia el poder de absolución. Lutero había admitido por lo menos la posibilidad de justificación por la fe pero si la predestinación es fija e irrevocable, si no puede obtenerse la salvación mediante la voluntad humana, la institución de la iglesia es minada en sus raíces mismas. La respuesta a Lutero fue que la fe no puede conquistar la salvación, y que el orden es precisamente el contrario: no habría fieles si no hubiera elegidos.
Así, la doctrina calvinista presenta vestigios de su origen francés, pues tienen un claro carácter nacional y aristocrático. Es democrática en el sentido que abole todas las diferencias de rango terrenal, social o jerárquico. Pero instituye una monarquía absoluta de Dios. Establece su propia aristocracia religiosa por nacimiento, élite religiosa de hombres puros y santos elegidos por Dios. Crea una nación y una nobleza religiosa. La palabra “nación” se justifica a este respecto porque la vida de estos santos no era religiosa de por sí, ni tampoco ritual, si no profana. Consistía en actividades profanas bajo un control confesional y moral.
Por tanto, el significado de la existencia personal ya no era la conquista de la salvación personal –que consistía hasta entonces al meta de todos los esfuerzos cristianos-, pues Dios ya había decidido quién se salvaría y quién no. Tampoco es la realización de un plan divino revelado, como en el judaísmo, de establecimiento o restablecimiento de un reino de justicia, paz y amor sobre la tierra. Aquí sólo existe el problema de la “gloria” de Dios y el despliegue de su magnificencia. Por su gloria se santifica al mundo profano y se ha de impregnar de santidad. Por consiguiente, no basta la fe interna del hombre, sino que ha de haber trabajo activo. Es cierto que el individuo no puede influir en su salvación, pero por la rectitud de su vida, puede comprobar si pertenece al grupo de los elegidos. A condición de que realice observando estrictamente las obligaciones morales y religiosas debidas, y si, en e esas condiciones, prospera en su trabajo, esto puede aceptarse como prueba de su salvación. En consecuencia, la riqueza y el bienestar son prueba de trabajo arduo y diligencia estar y puede considerarse como signo de estar en gracia de Dios. Por otro lado, la pobreza, que había sido respetada y aun exaltada por el cristianismo medieval y primitivo, llega a ser despreciable, se convierte en una prueba de ociosidad y vicio. Todo esto tendía a crear la reserva austera y la soledad del puritano, una desconfianza profunda de sus semejantes, y hasta del propio hermano, pues nadie podía saber el estado de gracia en el que el otro se hallase y si en el contacto con él podría acarrear el mal. Esto promovió el individualismo, pues cada cual podía tenía que cuidarse de si mismo. Se ordenaban la caridad y el trabajo para el bien común, pero no en beneficio del ser humano o de la comunidad humana, sino sólo para la gloria de Dios y mostrar la excelencia de su orden. Aparte de esto deben eliminarse todos los sentimientos e impulsos de justicia, caridad y compasión cuando esta en juego la majestad de Dios, y ni los elegidos y ni los condenados tienen derecho a quejarse de la injusticia.
Las regulaciones calvinistas de las actividades sociales y económicas eran severas y meticulosas, pero practicas. Calvino rompió con la condenación católica y luterana del comercio, la banca y el cobro de intereses. Hizo escarnio de la hipocresía católica que maldecía todas estas empresas en teoría y las estimulaba y explotaba en la práctica. También reconoció que ya era insostenible la posición luterana contra los métodos económicos contra los métodos económicos modernos. A esta preocupación le llevaron sus propias preocupaciones como líder de una comunidad burguesa en la cual el comercio representaba un papel importante. Quería gobernar toda la vida humana con su poder religioso, y así promovió abiertamente todas las actividades económicas y las declaró justificables, a condición de que se llevaran bajo su vigilancia y con las restricciones que él imponía. En 1611 un teólogo ingles escribía: “Calvino maneja la usura igual que el boticario el veneno”. Sólo está permitido el interés que es deseable para la producción, y aun así únicamente un cierto máximo establecido. A los pobres se les debe prestar dinero sin interés y se debe renunciar a la garantía. El deudor debe sacar de la operación una ventaja cuando menos igual a la que obtiene el prestamista. El préstamo no debería ser una profesión permanente y la búsqueda de ganancias no debes ser perjudicial para nuestro prójimo. El deudor debe sacar una ventaja de la operación cuando menos igual a la que obtiene el prestamista. Por otra parte, escribía Calvino en una carta: “¿Hay alguna razón para que las ganancias derivadas de los negocios no se han mayores que las que se obtienen de la propiedad de la tierra? ¿Cómo obtiene el comerciante sus ganancias? ¡Con trabajo, cuidados y diligencia!”. La acumulación de riquezas no sólo está permitida, sino prescrita. El hombre debe acumular riquezas para Dios de quien es administrador. Tiene que rendir cuentas de cada centavo tiene que economizar para Dios. Puede cambiara de profesión según le parezca si es capaz de servir mejor a la gloria de Dios en otro campo, y el hecho de que pueda hacerlo lo mostrará el aumento de sus ganancias. Pero es pecado disfrutar de las riquezas con una vida ociosa. Lo mismo que el hombre debe trabajar, así el dinero ganado debe permanecer activo mediante inversiones productivas. Los placeres frívolos, como el teatro, el baile y el canto se consideraban delictivos y punibles como tales en las comunidades calvinistas estrictas —como en Ginebra y Nueva Inglaterra—. La pérdida de tiempo uno de los peores de los pecados cada hora gastada en algo distinto del servicio de Dios o el trabajo significaba defraudar o robar a Dios. Además, los calvinistas estaban obligados a abstenerse de aquellas formas de hacer dinero faltas de escrúpulos que los católicos empleaban sin darles importancia, tales como la piratería, especulaciones coloniales, arrendamientos de cargos e impuestos operaciones de crédito con príncipes y monopolios. Estaban obligados a gastarse el dinero por procedimientos intensivos, por la explotación racional de las condiciones del mercado por las manufactura, y en ésta por mejores técnicas y acortamientos del proceso de producción. Cuando consideramos que estos santos profanos se obligaban a la mayor frugalidad y el aumento de la propiedad, que ponían en los negocios toda su vitalidad y celo religioso que los puritanos que vivían bajo los regímenes hostiles de Francia, Holanda e Inglaterra no podían ocupar cargos en la vida pública y dependían por entero del comercio, podemos imaginarnos por qué se vieron impelidos a promover el desarrollo de la industria, de la técnica y el capitalismo.
El capitalismo moderno, el estado de ánimo capitalista, se desarrolló y expandió a partir de esta constitución económica. No fue creada por el calvinismo, pues –como vimos- surgió de las condiciones especiales que imperaban en la ciudad artesanal alemana, pero el espíritu del calvinismo le dio su impulso decisivo de modo que se extendió e intensificó hasta dominar en Inglaterra y Norteamérica y mas tarde en todo el mundo. En el curso del rápido desarrollo económico el motivo religioso fue desplazándose en menos cabo gradual. Durante algún tiempo persistió en forma de un código moral de honestidad, pero con la avalancha creciente de la competencia y de las oportunidades que se le presentaban con la despersonalización cada vez mayor de la empresa, sólo quedó el simple esqueleto de la forma de vida puritana: la supresión de todos los impulsos humanos subjetivos —devoción por nuestros semejantes o por uno mismo—, y los placeres de la vida, la actividad profesional per se y el ritmo afanoso del trabajo. Al final, el poder y la gloria de Dios quedaron sustituidos por el poder y la gloria de los bienes. El resultado de ello fue el hombre capitalista, que ya no disfruta de su existencia como individuo, que ya no disfruta de los resultados de su trabajo, si no que consume su fuerza y sus energías en empresas gigantescas e impersonales. La empresa se convirtió en la ética de la vida. La trascendencia económica del individuo estaba completa.La estructura y el orden social de los pueblos anglosajones se ponen de manifiesto en la constitución religiosa calvinista. En el aspecto social el calvinismo, lo mismo que el liberalismo anglosajón, significa individualismo bajo protección colectiva, competencia individual salvaguardada por un gobierno autónomo. Significa un comienzo democrático y un comienzo aristocrático. El gobernante divino calvinista no reconoce diferencias de rango entre los hombres, sino sólo una diferencia de calidad, de predestinación individual que se manifiesta en la eficacia de la labor de las personas. Cuando colocamos en el lugar del gobernante divino al gobierno democrático que en teoría considera a todos los ciudadanos y que estos compiten en condiciones de igualdad y se destacan los unos de los otros por sus aptitudes naturales y eficacia personal, tenemos la estructura ideal de la democracia inglesa y norteamericana. En Inglaterra, esta democracia estaba algo atemperada por tradiciones feudales y monárquicas y por un desarrollo inicial que sigue líneas nacionales. En Norteamérica la democracia se desarrollo en su forma cabal desde el principio mismo.Sin embargo, existe una diferencia neta entre el calvinismo original, el calvinismo de la comunidad de Ginebra y el calvinismo posterior de la diáspora que estaba afectado por sus condiciones políticas y sociales desacostumbradas y que, además, sufrió la influencia anabaptista. Este último calvinismo fue el que formo la democracia anglosajona. Como Calvino pretendía el predominio de la religión sobre toda la vida humana, la reforma y la revolución del orden social y la comunidad política resultaban corolario de su doctrina. Quería crear una comunidad de hombres puros y santos, una comunidad de elegidos. La importancia revolucionaria y política de sus pretensiones no podía dejarse sentir plenamente en su parroquia de Ginebra, que había sido independiente y reformada antes de que él llegase y personalmente se sentía inclinado a ser autoritario y aristocrático. Hasta la diáspora el control sobre todos los aspect6os de la vida no condujo fatalmente a la revolución política.
En la comunidad de Calvino no había sacerdote. Cada cual debía ser su propio sacerdote. La Biblia, en su interpretación literal, fue código civil. La parroquia de Ginebra no era democrática en modo alguno. Estaba gobernada por ministros y presbíteros. Los doce presbíteros, correspondían a los doce apóstoles, eran nombrados eran nombrados por los consejos aristocráticos con ayuda de los ministros.
La difusión del calvinismo produjo efectos revolucionarios en toda Europa occidental y en el curso de estas revoluciones la democracia moderna se desarrollo paso a paso. En Holanda, que pertenecía a los Habsburgo españoles, la actividad de los anabaptistas desafió y despertó a la Inquisición, pero las fuerzas calvinistas fueron las que encabezaron la revolución. Dirigidas por Calvino y ayudadas por los refugiados franceses, se organizaron por todo el país comunidades calvinistas, que llegaron a ser centros formidables de resistencia y condujeron la guerra de liberación que desato a Holanda de la dominación española, estableció la republica Holandesa e hizo del calvinismo la religión oficial. En Francia, las comunidades hugonotes con su constitución presbiteriana en las que los presbíteros eran elegidos por la comunidad, formaron en secreto unidades independientes que tenían tendencias republicanas. El Palatinado se hizo calvinista y, como consecuencia, llegó a ser la fuerza protestante directora de la primera fase de la guerra de los treinta años. En Escocia, el movimiento protestante, bajo la dirección de John Knox, que se hallaba en estrecho contacto con Calvino, derrocó al gobierno de Maria Estuardo y también el calvinismo llego a ser la religión dominante. Inglaterra, situada entre Holanda y Escocia, ambas protestantes, tenía que convertirse en el escenario de esta lucha decisiva. Aquí se decidió el destino de la causa protestante. Esta lucha fue a un mismo tiempo una lucha contra la monarquía absoluta y más que eso, pues en ella nacieron la nacionalidad y el carácter ingles de hoy. En la fricción entre los elementos románicos y germánicos de que está compuesta, alcanzó su forma definitiva. La nacionalidad Inglesa no surgió completa sino después de este tormentoso periodo, cuando todo se hubo aplacado, a fines del siglo XVII. Y se terminó de formar al mismo tiempo que la democracia se establecía por vez primera.

Transcripción: Lemuel Reyes
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viernes, 1 de junio de 2007



¿CUÁL ES EL SIGNIFICADO DEL LEGADO DE CALVINO PARA LOS CRISTIANOS DE HOY?
Documento final de la Consulta Internacional realizada en Ginebra del 15 al 19 de abril de 2007

En 2009 se conmemorarán los 500 años del nacimiento de Juan Calvino. En Ginebra y alrededor del mundo la celebración de este aniversario ofrecerá la oportunidad de reflexionar sobre su legado y descubrir su relevancia para los acuciantes asuntos actuales. Para comenzar con este proceso de reflexión, 50 teólogos/as de diferentes continentes y países se reunieron del 15 al 19 de abril en Ginebra convocados por el Centro Reformado Internacional John Knox, la Federación de Iglesias Protestantes Suizas, la Alianza Reformada Mundial y la Facultad Teológica de Ginebra. La siguiente declaración es un resumen de sus conclusiones.
¿Quién fue Calvino y cuál es el significado de su legado para hoy? Estas preguntas de permanente importancia son especialmente urgentes ante el aniversario de Calvino en 2009. Para las iglesias reformadas, Calvino es una continua fuente de inspiración y ellas ven más allá de la celebración con un sentido de profunda gratitud y una oportunidad para su propio compromiso y renovación. Les gustaría también compartir el verdadero legado de Calvino con los cristianos de otras tradiciones y con la sociedad en general. Al mismo tiempo, están conscientes de que la imagen de Calvino es controversial y que aún hoy con frecuencia es presentada desde una perspectiva negativa. Como ningún otro reformador del siglo XVI, ha llegado a ser víctima de clichés. Cuatro estereotipos surgen invariablemente al mencionarse su nombre:

* su odioso concepto de la doble predestinación: Dios elige a algunos seres humanos para salvación y a otros para condenación;

* la austeridad moral que impuso al pueblo de Ginebra;
* su participación en la muerte de Miguel Servet;
* su papel en el desarrollo histórico de la modernidad, especialmente en el surgimiento del capitalismo moderno. Para algunos es uno de los padres de la modernidad, y para otros contribuyó a la emergencia de una espiritualidad orientada hacia la prosperidad.

Aunque estas percepciones de Calvino son aceptadas ampliamente por muchos, representan una reducción y, de hecho, una distorsión de la realidad histórica. Mas aún, conducen a una actitud prejuiciada que obstruya el acceso al verdadero significado del reformador. La consulta llegó a la conclusión de debe llevarse a cabo un esfuerzo interpretativo fresco. Por lo tanto, invitamos a teólogos e intelectuales de otras disciplinas, así como a todo el pueblo de Dios, a revisar nuevamente la herencia del gran reformador. Estamos convencidos de que contiene insumos y perspectivas que siguen siendo relevantes. Un estudio más detenido de sus escritos, no sólo de la Institución sino también de sus tratados breves, sermones y comentarios, revelará riquezas insospechadas. Calvino pertenece a la segunda generación del movimiento reformador. A través de su enseñanza y su vida contribuyó decisivamente a la consolidación de la Reforma. La amplitud y coherencia de su pensamiento hizo posible el establecimiento de las iglesias reformadas. En el jubileo de la Reforma Protestante en 2017 su nombre deberá ser reconocido, pues sin él la Reforma habría tomado un curso muy diferente. El esfuerzo por ir más allá de los estereotipos establecidos debe guiarse, en nuestra opinión, por los siguientes principios:

* El punto de partida para cualquier interpretación válida debe ser el ímpetu fundamental de la vida de Calvino. ¿Cuál fue, en última instancia, la fuerza motriz de su teología y vida? Algunos aspectos particulares y problemáticos de su enseñanza, como por ejemplo, su doctrina de la predestinación, deben ser vistos e interpretados en el marco de sus intenciones primarias por comprender a Dios, la creación, la salvación humana y el cumplimiento de todas las cosas.
* Con frecuencia, Calvino es entendido como el responsable, positiva o negativamente, de eventos históricos de siglos posteriores. Para algunos, él abrió la puerta del mundo moderno, especialmente del capitalismo, mientras que para otros, es el responsable del moralismo biblicista tan estrecho que caracteriza a algunas iglesias protestantes. Para lograr una imagen auténtica de Calvino, es necesario dejarse guiar por sus intenciones y expresiones propias.
* Calvino vivió una situación muy particular al ser atacado por enemigos en Ginebra, de los cuales también se defendió. Él tuvo que defender su percepción del Evangelio en momentos difíciles. Calvino no fue simplemente un escritor teológico implicado –contra su inclinación personal y deseo- en las luchas de su época. Entender esto resulta esencial para interpretar a Calvino en su propio contexto. Muchas investigaciones recientes se han centrado en algunos aspectos particulares de su vida, por lo que es posible una comprensión más serena.

Calvino no fue un santo y cualquier intento por llevar a cabo un retrato idealizado está condenado a fracasar. Reconocemos que su respuesta a los conflictos en Ginebra pudo ser áspera y que su papel en la ejecución de Servet fue, asimismo, más que dudosa. Aun contra el patrón de sus propias convicciones, falló en momentos decisivos. Su uso del lenguaje contra los adversarios teológicos hace muy difícil la lectura de algunos de sus escritos. Como reflejo de la relevancia de su herencia, asumimos que ciertos aspectos de su enseñanza no son pertinentes ya y no pueden mantenerse. Pero, desde nuestro punto de vista, Calvino permanece como un testigo sobresaliente del mensaje cristiano y demanda ser escuchado cuidadosamente en la actualidad.
A continuación mencionamos ocho áreas que consideramos de particular interés en la actualidad y que pueden ayudar a acceder con mayor frescura al legado de Calvino.

1. El compromiso de Calvino para la proclamación de la gloria de Dios. Calvino creía que Dios, el soberano creador de todo, lleno de gracia, desea entrar en una relación íntima con nosotros los seres humanos. Este Dios busca deleitarnos al acomodarse a las condiciones de nuestra existencia como criaturas con el fin de conocer y ser conocido. En la crudeza del pesebre, la severidad de la cruz y las limitaciones de las palabras bíblicas, Dios nos encuentra y nos habla mediante el poder del Espíritu Santo. La gloria de Dios, quien escoge manifestarse a sí mismo de esta manera, se refleja en la gloria de la existencia humana e intenta establecer el Evangelio en todas las áreas de la vida. Calvino escribe: “¿Qué diremos, pues? Sin duda alguna, que el hombre no es más que vanidad, que se encuentra reducido a nada, que no es otra cosa sino nada. Mas, ¿cómo es que el hombre no es absolutamente nada, si Dios tanto se preocupa de él? ¿Cómo puede ser nada aquel en quien Dios tiene puesto su corazón? Cobremos ánimo, hermanos míos. Aunque no somos nada en nuestros corazones, puede ser que en el corazón de Dios esté oculta alguna cosa nuestra. ¡Oh Padre de misericordia! ¡Oh Padre de los miserables! ¿Cómo pones tu corazón en nosotros? Porque tu corazón está donde está tu tesoro”. (IRC, III.ii.25).

2. La determinación de Calvino por colocar a Jesucristo en el centro de todo nuestro pensamiento y vida. Al honrar el nombre de Cristo, quien se hizo carne de nuestra carne, la gloria y gracia de Dios son probadas en medio de nosotros. “Si nos separamos siquiera una pulgada de Cristo, la salvación fracasa… adonde resuena el nombre de Cristo, todo se vuelve antiguo“ (IRC, II.xvi.1). La iglesia depende completamente de la presencia del Cristo viviente a través del poder del Espíritu de Dios. Así es como sucede la comunión de los “amadores de Cristo” (amateurs du Christ, Prefacio a la traducción de la Biblia de Olivetan). No recae en la tradición ni en la fortaleza de las estructuras existentes. La crítica que Calvino aplica a la Iglesia de su época se basó en esta firme convicción.

3. El énfasis de Calvino en la obra del Espíritu Santo en la creación y la salvación. La acción de Dios es universal y abarca todas las cosas. Para Calvino, expresa el orden divino sobre todas las criaturas, humanas y no humanas. Nada está más allá de la sabiduría y el cuidado paterno de Dios. El Espíritu es la fuerza que otorga la vida, sosteniendo todas las cosas en su ser. Este mismo Espíritu santo nos une a Cristo, inspirándonos en nuestra comprensión de la Palabra de Dios, iluminando y santificándonos en la fe, y acercándonos en la comunión con la iglesia. Calvino siempre habla acerca de la iglesia, con su ministerio de la Palabra y el sacramento, como la comunidad de creyentes en medio de la cual nace la fe, y es provista y fortalecida mediante la acción del Espíritu Santo. Como miembros de su cuerpo vivimos en la esperanza de renovar nuestras vidas y el mundo entero.

4. El compromiso de Calvino con las Escrituras. Para Calvino, la Biblia está en el corazón de la vida de la iglesia, para ser leída y estudiada siempre por cada miembro del pueblo de Dios. Está allí para ser enseñada dentro de la iglesia, a la cual él describe frecuentemente como “madre” y “escuela” de nuestra fe. “Nuestra debilidad no nos permite ser excluidos de su escuela pues seremos discípulos durante toda nuestra vida” (IRC, IV.i.,14). La cuidadosa atención que Calvino le presta al contenido y la unidad del Antiguo y el Nuevo Testamento, la centralidad del testimonio bíblico sobre Jesucristo, la necesidad de esforzarse para alcanzar el significado del texto con la ayuda del conocimiento científico e histórico de su época, así como el poder de la Palabra de Dios para hablar de manera fresca a cada generación siguen siendo ejemplares. Su exposición de la doctrina cristiana nunca se aparta de la interpretación de la Biblia, la cual, de hecho, siempre toma lugar en el contexto del trabajo cotidiano de la predicación, el cuidado pastoral y los aspectos cívicos.

5. La determinación de Calvino de que la voluntad de Dios deberá realizarse en todas las áreas de la vida. La preocupación de Calvino fue que la gloria de Dios sea celebrada y testificada en todos los niveles de la vida, que toda la creación canta alabanzas a Dios en maneras vibrantes y concretas, y que la belleza de Dios se manifestará en nuestros modelos de vida amplios y pequeños. Calvino afirma que la ley moral en la Escritura nos convence de nuestro pecado contra la voluntad de Dios y que sirve como una guía para glorificar a Dios en cada aspecto de nuestra vida cotidiana. La Ley es la forma en que el propósito de Dios para los fieles ofrece un espacio para el florecimiento humano que es alentado e inclusivo, además de ser obligatorio y formativo. Además, señala límites y ordena nuestra existencia como criaturas para que podamos deleitarnos en los excelentes dones de Dios y responder con gratitud gozosa.

6. La insistencia de Calvino en el don de Dios de la creación. La voluntad de Dios para el florecimiento de la creación es la medida constante del compromiso de la humanidad y la sociedad con el mundo creado en todo su misterio y profundidad. Los puntos centrales de esta visión son una afirmación fundamental de la igualdad humana y la celebración de las diferencias entre las personas. Incluyen una conciencia de la profunda interrelación de todos los aspectos de la creación, el llamado a los seres humanos a incorporar las relaciones justas y un compromiso duradero con la afirmación de la dignidad humana. En el corazón de esta visión se encuentra un compromiso de compasión con el amor, la justicia, el cuidado responsable y la hospitalidad hacia “las viudas, huérfanos y extranjeros”: los indefensos, desplazados, hambrientos, solitarios, silenciados, traicionados, sin poder, enfermos, destruidos en cuerpo y alma, y todos aquellos que sufren en nuestro mundo polarizado y globalizado. “Adonde Dios es conocido, también hay un cuidado por la humanidad” (Comentario a Jeremías, cap. 22.16). Calvino proclama que vemos a Cristo en todas las personas y que son levantados y juzgados por su presencia en ellos, y aun proclamados en nuestras palabras y acciones al considerar la integridad de la creación como “el teatro de la gloria de Dios”.

7. La insistencia de Calvino en que la iglesia es llamada a discernir, de manera creativa, su relación con los principados y poderes del mundo. En nuestro contexto global actual, coexisten formas variadas de Estado y nación, además de la abrumadora realidad del mercado global. Esto incluye la confesión de la implicación de la iglesia en la ruptura de la creación y el sufrimiento humano, así como deseo de predicar proféticamente y encarnar la buena voluntad de Dios para el mundo. Además, Calvino admite que la gloria de Dios puede ser proclamada y encarnada fuera de la iglesia y que la comunidad cristiana es llamada a comprometerse con sus vecinos globales de manera humilde y con una amplia visión. La iglesia comprende que la forma y el contenido de su compromiso variará de lugar en lugar y de época en época, de tan ricas y variadas como los fieles experimentan las realidades de la creación misma de Dios. No obstante, no puede responder sino obedientemente y con gratitud a la Palabra de Dios en el presente y, así, ser un testigo constructivo de Cristo.

8. El compromiso de Calvino con la unidad de la iglesia. Calvino experimentó el apasionado y consistente compromiso con la unidad del cuerpo de Cristo en la realidad de una iglesia ya fragmentada. En medio de la división, él reconoció al único Señor de la única Iglesia, subrayando repetidamente que el cuerpo de Cristo es uno, y que no se justifica en absoluto una iglesia dividida, además de que los cismas dentro de la iglesia son un escándalo. Nuestra situación actual se caracteriza también por la separación de las iglesias y divisiones amenazantes dentro de las mismas. En particular, las iglesias reformadas siguen teniendo divisiones internas y, al mismo tiempo, un compromiso ecuménico. Las ideas de Calvino acerca de la comunidad cristiana, su voluntad de mediar en temas controversiales como la Eucaristía, y sus esfuerzos interminables por construir puentes en cada nivel de la vida eclesiástica representan todavía un enorme reto. Calvino desafía a las iglesias a entender las causas de la continua separación y, de acuerdo con las Escrituras, hacer lo posible por la unidad visible mediante el compromiso con esfuerzos ecuménicos concretos, con vistas a lograr la credibilidad del Evangelio en el mundo y la fidelidad de la vida de la iglesia y su misión.

Participantes

Prof. Dr. Philip Benedict, Universidad de Ginebra, Suiza
Obispo Dr. Gustáv Bölcskei, Iglesia Reformada de Hungría
Rev. Thierry Bourgeois, Iglesia Evangélica Libre de Ginebra, Suiza
Prof. Dr. Coenraad Burger, Universidad de Stellenbosch, Sudáfrica
Prof. Dr. Eberhard Busch, Universidad de Göttingen, Alemania
Prof. Dr. Emidio Campi, Universidad de Zurich, Suiza
Rev. Prof. Leopoldo CervantesOrtiz, Iglesia Nacional Presbiteriana de México
Rev. Dr. Meehyun Chung, Misión 21, Suiza
Rev. Jean Arnold de Clermont, Federación Protestante de Francia
Dr. Wulfert de Greef, Iglesia Protestante de los Países Bajos (Holanda)
Prof. Dr. James de Jong, Colegio y Seminario Teológico Calvino, Estados Unidos
Prof. Dr. François Dermange, Universidad de Ginebra, Suiza
Dr. Edouard Dommen, Suiza
Prof. Dr. Eva Maria Faber, Theologische Hochschule Chur, Suiza
Prof. Dr. David Fergusso, Universidad de Edimburgo, Escocia
Rev. Serge Fornerod; Federation of Swiss Protestant Churches
Prof. Dr. Martin Friedrich, Comunidad de Iglesias Protestantes en Europa-Leuenberg
Dr. Pawel Gajewski, Iglesia Evangélica Valdense, Italia
Rev. Prof. Eduardo Galasso Faria, Seminario Teológico de São Paulo, Brazil-Iglesia Presbiteriana Independiente
Rev. Philipp Genequand, Iglesia Protestante de Ginebra, Suiza
Rev. Mag. Thomas Hennefeld, Iglesia Evangélica H.B., Austria
Rev. Dr. Martin Hirzel, Federación de Iglesias Protestantes Suizas
Prof. Dr. Serene Jones, Universidad de Yale, Estados Unidos
Prof. Dr. Tamás Juhász, Facultad de Teología Cluj, Rumania
Rev. Dr. Clifton Kirkpatrick, Alianza Reformada Mundial
Ms. Charlotte Kuffer, Iglesia Protestante de Ginebra, Suiza
Dr. Johannes Langhoff, Iglesia Evangélica H.B., Austria
Rev. Dr. JaeCheon Lee, Iglesia Presbiteriana, República de Corea
Prof. Christian Link, Universidad de Bochum, Alemania
Dr. Gottfried Locher, Instituto de Estudios Ecuménicos, University de Friburgo, Suiza
Dr. Odair Pedroso Mateus, Alianza Reformada Mundial
Dr. h.c. Gerrit Noltensmeier, Reformierter Bund Deutschland, Alemania
Dr. Peter Opitz, Universidad de Zürich, Instituto para el Estudio de la Reforma en Suiza
Prof. SeongWon Park; Colegio y Seminario Teológico Young Nam, Corea
Rev. Solveig Pret Almelid, Conferencia de Iglesias Protestantes Romandas, Suiza
Rev. Dr. Lazarus Purwanto, Concilio Ecuménico Reformado, Indonesia
Dr. Rinse H. Reeling Brouwer; Protestant Church in the Netherlands
Rev. Philippe Reymond, Iglesia Protestante de Ginebra, Suiza
Prof. Dr. Cynthia Rigby, Seminario Presbiteriano de Austin, Estados Unidos
Prof. Dr. Georges Sabra, Escuela de Teología del Cercano Oriente, Líbano
Prof. Dr. Herman J. Selderhuis, Universidad Teológica de Apeldoorn, Países Bajos (Holanda)
Rev. Dr. Joseph D. Small, Iglesia Presbiteriana de Estados Unidos (PCUSA)
Prof. Dr. Dirk Smit, Facultad de Teología, Universidad de Stellenbosch, University, Sudáfrica
Profra. Dra. Nicola Stricker, Instituto Protestante de Teología, France
Prof. Dr. Lukas Vischer, Centro Reformado Internacional John Knox, Suiza
Dr. Vicco von Bülow, Iglesia Evangélica en Alemania
Prof. Dr. Robert Vosloo, Facultad de Teología, Universidad de Stellenbosch, Sudáfrica
Rev. Prof. Ambroise Aiming Wang; Seminario Teológico Unido de Nanjing, Iglesia Protestante China, Suiza
Rev. Thomas Wipf, Federación de Iglesias Protestantes Suizas
Rev. Prof. Germán Zijlstra; Alianza de Iglesias Presbiterianas y Reformadas de América Latina
Versión de L. Cervantes-Ortiz
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miércoles, 16 de mayo de 2007

CONCLUYÓ LA CONSULTA REFORMADA SOBRE EL JUBILEO DE JUAN CALVINO
Leopoldo Cervantes-Ortiz


ALC Noticias, 20 de abril de 2007

Ginebra, 18 de abril. Con un culto de comunión celebrado en el histórico Auditorio de Juan Calvino, en el que predicó Clifton Kirkpatrick, presidente de la Alianza Reformada Mundial (ARM), y una recepción ofrecida por la Iglesia Protestante de Ginebra (EPG), culminó este día la primera consulta internacional con vistas a preparar la conmemoración de los 500 años del nacimiento del reformador francés en 2009. En la inauguración, además de Kirkpatrick, estuvo presente también Setri Nyomi, secretario general de la ARM, organismo copatrocinador de la consulta, junto con la Federación de Iglesias Protestantes Suizas, la Facultad de Teología de la Universidad de Ginebra y el Centro John Knox, sede del evento. La consulta, realizada durante cuatro días, comenzó con la discusión del documento “¿Quién fue y quién es Calvino?: interpretaciones recientes”, del doctor Eberhard Busch, de la Universidad de Gottingen, enviado con anticipación a los más de 50 participantes. El profesor Busch, último asistente del famoso teólogo Karl Barth estuvo presente en la reunión. La coordinación general estuvo a cargo del doctor Lukas Vischer.
Los conferencistas fueron los profesores Christian Link (Bochum, Alemania), Emidio Campi (Zürich, Suiza), Herman J. Selderhuis (Apeldoorn, Holanda) y Dirk Smit (Stellenbosch, Sudáfrica). Los temas expuestos fueron: la afirmación de la libertad y el discipulado radical; el concepto calviniano de la Iglesia; Calvino como teólogo bíblico; y los aspectos éticos de la teología del reformador. Algunos temas polémicos fueron, por ejemplo, el concepto de la Iglesia como madre y escuela, expuesto por Campi, así como la necesidad de que las iglesias que reivindican el legado calviniano reconozcan las consecuencias, tanto positivas como negativas, de la aplicación de algunas ideas del reformador que vivió en Ginebra desde 1539 hasta su muerte, luego de una primera estancia de un par de años, inmediatamente posterior a la redacción de su obra más famosa, la Institución de la Religión Cristiana, en 1536.
La presentación del profesor Smit resultó impactante, pues se refirió, casi de manera autobiográfica a lo sucedido en su país durante la época del apartheid y a cómo reaccionaron las iglesias reformadas. Su amplio texto, aderezado con citas pertinentes de Calvino y varios teólogos sudafricanos, proyectó lo sucedido en Sudáfrica hacia los nuevos desafíos que enfrentan las iglesias.
Las reacciones estuvieron a cargo de Serene Jones (Yale, EU), Eva-Maria Faber (Chur, Suiza), Seong-Won Park (Corea del Sur) y François. Dermange (Ginebra). Además, se presentaron panoramas sobre esta celebración en los diversos países representados, alrededor de 17. Por América Latina, estuvieron representados Argentina, Brasil y México, en la persona de Germán Zijlstra, secretario general de la Alianza de Iglesias Presbiterianas y Reformadas de América Latina (AIPRAL), Eduardo Galasso Faria, profesor del Seminario Teológico de São Paulo, de la Iglesia Presbiteriana Independiente, Odair Pedroso Mateus, secretario ejecutivo del Departamento de Teología y Ecumenismo de la ARM, y Leopoldo Cervantes-Ortiz, de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México.
Con base en las conferencias principales, el intercambio en grupos (cuatro) giró alrededor del siguiente planteamiento: “Dada la variedad de contextos, ¿cómo celebrar el legado de Calvino?”, a partir del cual se expresaron diversos acercamientos a la contradictoria figura de Calvino y se sugirieron diversas actividades a realizarse en varios países desde ahora y sobre todo en 2009. Asimismo, en las pausas fue posible llevar a cabo un amplio intercambio de ideas y proyectos.
Particularmente intenso fue el debate sobre los aspectos éticos del pensamiento calviniano, sobre todo a la luz de los desafíos de la globalización. En ese sentido, llamó poderosamente la atención la forma en que expusieron la comprensión y práctica del calvinismo en países como Corea del Sur, China y los latinoamericanos. También fue relevante la discusión acerca de las nuevas condiciones en que debe interpretarse la vocación calviniana de ayuda a los refugiados y perseguidos, sobre todo ante la actual situación ocasionada por las migraciones en todo el mundo, además del diálogo interreligioso.
Entre las iniciativas planteadas por el grupo encargado, destacó la iniciativa de abrir un sitio web que concentre la información acerca de todas las celebraciones, así como la posibilidad de que los diferentes comités nacionales y locales compartan todo lo relativo a sus actividades.
La parte final de la consulta consistió en la redacción de un documento que amplió lo expuesto por el doctor Vischer en otro documento de trabajo, pues en la versión definitiva, luego de una introducción cuyo tono fue el centro de otra intensa discusión, dado que se consideró necesario señalar que, debido a que Calvino ha suscitado apasionadas interpretaciones, favorables y desfavorables.
Luego de advertir sobre algunas imágenes estereotipadas de Calvino en relación, por ejemplo, con el surgimiento del capitalismo o de la doble predestinación, el documento afirma:

Calvino no fue un santo y cualquier intento por llevar a cabo un retrato idealizado está condenado a fracasar. Reconocemos que su respuesta a los conflictos en Ginebra pudo ser áspera y que su papel en la ejecución de Servet fue, asimismo, más que dudosa. Aun contra el patrón de sus propias convicciones, falló en momentos decisivos. Su uso del lenguaje contra los adversarios teológicos hace muy difícil la lectura de algunos de sus escritos. Como reflejo de la relevancia de su herencia, asumimos que ciertos aspectos de su enseñanza no son pertinentes ya y no pueden mantenerse. Pero, desde nuestro punto de vista, Calvino permanece como un testigo sobresaliente del mensaje cristiano y demanda ser escuchado cuidadosamente en la actualidad.

Por todo lo anterior, se amplió a ocho los puntos específicos de la declaración: partiendo del compromiso calviniano de la proclamación de la gloria de Dios y de su determinación de colocar a Jesucristo en el centro del pensamiento y la acción, además del fuerte énfasis en la obra del Espíritu Santo en la creación y la salvación, los siguientes tres puntos subrayan el compromiso del reformador con las Escrituras, su determinación de que la gloria de Dios sea no sólo celebrada sino testificada en todas las áreas de la vida y que su insistencia en la voluntad divina de que el florecimiento de su creación sea una medida constante del compromiso humano con la naturaleza.
Los dos puntos finales enfatizan la creencia de Calvino en que la Iglesia es llamada a discernir y practicar su relación con los poderes del mundo de una manera profética y que el convencimiento calviniano acerca de la unidad de la Iglesia bien puede servir como punto de partida para avanzar en la concreción de esfuerzo ecuménicos que busquen superar el divisionismo eclesiástico y así afirmar la credibilidad del Evangelio en el mundo así como la fidelidad de la misión y la vida de la Iglesia.
El documento concluye con resúmenes elaborados por participantes de 11 países desde su particular perspectiva.
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